La empresa es donde se dedica mucho empeño en realizar una minuciosa planificación de los recursos humanos, es una empresa que entiende que estos recursos constituyen un elemento estratégico ya que indican el nivel de eficiencia de la gestión y de la administración de la empresa en general.
Dado que el personal es quien con su trabajo logra concretar la misión y los objetivos de la empresa, la planificación de recursos humanos tiene que apuntar - entre otras tareas - a que ellos se identifiquen y se comprometan con sus funciones. El factor humano es parte activa de la empresa y, como tal, también es - y debe sentirse- protagonista de los éxitos alcanzados por ella.
El gran reto de la crear una empresa consiste, entonces, en conservar a su personal y lograr que se desempeñen con una actitud positiva y favorable.
En este sentido, la función que desarrolla la administración de Recursos Humanos dentro de una empresa no puede quedar librada al azar, debe estar en manos de especialistas ya que no se debe improvisar cuando se trata de dar respuesta a los problemas que plantea este sector. La Psicología es una de las principales ciencias que realizan aportes en los objetivos de una empresa en campos como selección de personal, entrenamiento y capacitación, implementación de sistemas de evaluación del desempeño, orientación profesional, motivación, reducción de conflictos y estudios de clima laboral, entre otros.
Asimismo, según plantean ciertos autores, entre el trabajador y la empresa existe un “contrato psicológico”, es decir un acuerdo tácito de las expectativas que tienen ambas partes, lo que la organización espera del individuo y viceversa.
Cuando estas expectativas no se cumplen, pueden producirse fluctuaciones en el personal (entradas y salidas), porque para que una empresa mantenga el nivel de recursos humanos en proporciones adecuadas para la operación del sistema, las desvinculaciones de personal tienen que ser compensadas a través de nuevas admisiones. Esto se conoce como “rotación de personal o turnover” de la empresa
Muchas veces los recursos de una empresa pierden personal calificado que no consigue sustituir fácilmente debido a causas como una administración incompetente, planificaciones incoherentes, gestiones deficientes, promesas incumplidas o estilos autoritarios que rozan el maltrato.
Para evitar estas situaciones es necesario gestionar los recursos humanos de un modo integrado; estimular al personal, crear un proyecto donde las personas se sientan identificadas y dejarlas participar en la toma de decisiones. Resulta esencial que los gerentes revisen sus acciones y elaboren estrategias para no matar en sus subalternos la motivación, un elemento imprescindible a la hora de alcanzar los objetivos de una empresa.
Prof. Mario Héctor Vogel
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miércoles, 9 de junio de 2010
Como un Gerente determina el precio justo
La definición de precio corresponde al valor monetario que le aplicamos a nuestros servicios o bienes en el momento en que los vendemos. Para poder decidir cuál será el precio o los precios de nuestros productos podemos llegar a utilizar dos métodos diferentes: el método de costos, que requiere sumar todos los costos del producto y posteriormente sumarle el margen de ganancia que deseamos, por ejemplo, el 30%. Y por último, el segundo método es el de promedio de mercado, que se trata que tomar la determinación del precio de nuestro producto, basándonos únicamente en el promedio de todos los precios de los productos parecidos al nuestro que existan en diversos mercados.
Sin embargo, tomar la decisión de qué precio ponerle a cada uno de nuestros productos, no debería ser nunca una tarea tan sencilla, debe ser una decisión bien analizada y meditada. Los dos métodos mencionados anteriormente no deben utilizarse exclusivamente, pero sí deben tomarse muy en cuenta en el momento de tomar la decisión sobre qué precio establecer, es importante saber siempre cuáles son los costos generales de nuestros productos, de manera tal que, por ejemplo, tratemos de alejarnos lo más posible del verdadero punto de equilibrio, en éste los costos son iguales a las ventas. Siempre debemos tener noción de cuál es el promedio general del precio de los productos que se asemejan a los nuestros, de manera tal que nos ayude y nos sirva de referencia para, por dar un ejemplo, no alejarnos demasiado de ese promedio.
En el momento que tomamos la decisión de definir el precio de nuestros productos, es necesario que nos pongamos siempre en el lugar de un consumidor, cuánto pensamos que estarían dispuestos a pagar por esos productos (los nuestros), dados los precios de los productos similares de nuestra competencia (sean tanto productos complementarios como similares al nuestro) dadas las diversas características de nuestro producto, su exclusividad, sus beneficios, el lugar donde se venden, la identificación de la marca, etc.
Antes de tomar la decisión de poner un precio bajo es recomendable buscar una diferencia notable (algo original que podamos ofrecer a los consumidores que cualquiera de nuestros competidores no lo hayan hecho), por dar un ejemplo, la calidad en el servicio. Tomar la decisión de bajar el precio es una opción muy sencilla de neutralizar por toda nuestra competencia y también es muy difícil de poder mantenerla vigente por un tiempo relativamente prolongado, por ello es un arte fijar el justo precio.
Prof. Mario Héctor Vogel
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Sin embargo, tomar la decisión de qué precio ponerle a cada uno de nuestros productos, no debería ser nunca una tarea tan sencilla, debe ser una decisión bien analizada y meditada. Los dos métodos mencionados anteriormente no deben utilizarse exclusivamente, pero sí deben tomarse muy en cuenta en el momento de tomar la decisión sobre qué precio establecer, es importante saber siempre cuáles son los costos generales de nuestros productos, de manera tal que, por ejemplo, tratemos de alejarnos lo más posible del verdadero punto de equilibrio, en éste los costos son iguales a las ventas. Siempre debemos tener noción de cuál es el promedio general del precio de los productos que se asemejan a los nuestros, de manera tal que nos ayude y nos sirva de referencia para, por dar un ejemplo, no alejarnos demasiado de ese promedio.
En el momento que tomamos la decisión de definir el precio de nuestros productos, es necesario que nos pongamos siempre en el lugar de un consumidor, cuánto pensamos que estarían dispuestos a pagar por esos productos (los nuestros), dados los precios de los productos similares de nuestra competencia (sean tanto productos complementarios como similares al nuestro) dadas las diversas características de nuestro producto, su exclusividad, sus beneficios, el lugar donde se venden, la identificación de la marca, etc.
Antes de tomar la decisión de poner un precio bajo es recomendable buscar una diferencia notable (algo original que podamos ofrecer a los consumidores que cualquiera de nuestros competidores no lo hayan hecho), por dar un ejemplo, la calidad en el servicio. Tomar la decisión de bajar el precio es una opción muy sencilla de neutralizar por toda nuestra competencia y también es muy difícil de poder mantenerla vigente por un tiempo relativamente prolongado, por ello es un arte fijar el justo precio.
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